Hortensia Núñez Ladevèze
 
 
 

Mis comienzos

Recuerdo como si fuera hoy, el cambio que se produjo en mi vida cuando, por vez primera tropecé con el arte. De repente, atisbé un horizonte ignoto, más amplio que el que se abría cotidianamente a mi vista, distinto...y entendí que ese horizonte se me ofrecía, más que para entrar en un mundo nuevo, para propiciarme un nuevo modo de ver las mismas cosas. Descubrí casi de improviso, que el arte me embargaba. Y esa pasión repentina me incitaba a indagar sus motivos, y esa indagación novedosa me inducía a su vez, a responder a la incitación que la promovía, aunque no supiera cómo hacerlo, aunque me faltara conocimiento del camino y experiencia para explorarlo.

Surgió una oportunidad cuando fuí a decorar una casa antigua de la calle Serrano que tenía un cuarto grande en el sótano que se usaba para guardar trastos Pensé que sería lo ideal para colocar las formas de barro que ya comenzaba a manipular, y acordé con los dueños no cobrar por mi trabajo y quedarme a cambio con ese espacio

Me inquietaba comprender que la imitación de lo previamente realizado por otro carecía de valor de la originalidad y  preocupada por éstas limitaciones contacté con el profesor Cruz Solís, un escultor conocido quien me dijo que me convendría ir a un taller y conocer los materiales escultóricos y su uso; entonces comencé en su estudio de restauración de retablos sacros donde aprendí a tratar con todo tipo de materiales..

Mi primera exposición la realicé en la galería Karma.El catálogo lo solucioné con la foto de  la portada hecha por mi cuñado impreso en papel de embalaje. Fué algo atrevido pero gustó. Ahora me faltaba la presentación. Para una primeriza desconocida como yo era lo más difícil.

Mi hermano Luis, periodista y crítico teatral y literario en esas fechas, me facilitó un listado de personas a las que conocía y entre ellas estaba  el poeta José Hierro. Se citó amablemente conmigo para vernos al día siguiente en mi estudio.Cuando bajamos al sótano, vi en sus escrutadores ojos, cómo su inicial prevención se fue relajando. Observaba las esculturas en caviloso silencio mientras yo temblaba de incertidumbre. Su mirar taciturno pasaba sigilosamente de una figura a otra. Hasta que se detuvo a mirar con mas detenimiento una de ellas, la cual había nominado "Cotilleos". Recuerdo que nuestras miradas convergieron en el bronce, cómo después nuestro silencio se centró en aquella pieza y cómo tuve la sensación de que por un instante, quedábamos solos, formando un trío, la escultura, él y yo. Pasé de la tensión expectante a la tranquilidad. Antes de salir, me dijo: "Mañana te doy el escrito para que tú lo matices". Esta fue la primera valoración que se hizo por escrito de una obra mía, un texto de José Hierro que sirvió para presentar mi primera exposición.. De ahí también surgió una amistad, que los años contribuyeron a profundizar.

 

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